El polvo simultaneo
de dos gatitas bien distintas en un parque
Aquella noche salí de casa mas contento
que un niño con una bicicleta nueva. Con mucho
esfuerzo, haciendo mas horas que un reloj en la tienda
de animales, había conseguido ahorrar un poco de
dinero para comprarme la cámara digital más
moderna del mercado. Estaba seguro de que iba a ser una
buena herramienta para completar mi carrera de veterinaria
con un trabajo audiovisual.
Inmerso en la proximidad de los exámenes finales,
en la presentación libre, estaba a punto de terminar
un trabajo sobre el comportamiento de los gatos en libertad,
y que mejor que un buen reportaje para acompañar
a la tesis que esperaba me diera él titulo de veterinario.
Casi anochecía cuando llegue a las puertas del
gran parque situado en un extremo de la ciudad, lugar
conocido de todo el mundo, y frecuentado, además
de por incontables gatos callejeros, por infinidad de
parejas que buscan la oscuridad para llevar a cabo sus
juegos amorosos.
La temperatura era agradable, y para hacer tiempo de que
fuera noche cerrada, me senté en la terraza de
un bar a la entrada del frondoso recinto. No sabia el
tiempo que me podía costar el espiar a los gatos,
tan recelosos como son, antes de que pudiera grabar sus
correrías nocturnas sin que salieran corriendo
a ocultarse ante mi presencia.
Mientras tomaba una refrescante cerveza, estuve revisando
por ultima vez antes de la gran prueba el funcionamiento
de la cámara. Me interesaba particularmente el
modo de grabación con la mínima luz, ya
que tampoco era cuestión de pasarse media noche
en el parque detrás de los gatos para que luego
no se viera nada en el video.
Al rato, caí en la cuenta de que en una mesa cercana,
me observaba una chica que bebía un refresco despreocupadamente.
La mire unos segundos y ella aparto los ojos con rapidez,
sintiéndose descubierta en su curiosidad, no sé
si por mí o por el artefacto que no dejaba de manipular
entre mis manos.
Era verdaderamente hermosa, paradójicamente, se
me antojo que tenia cierta cara de gata, con la barbilla
afilada, la nariz pequeña, y unos ojos oscuros
que a medida que iba cayendo la noche me parecían
más enigmáticos. Todo su rostro lo rodeaba
una larga cabellera de pelo negro, que le caía
hasta la mitad de la espalda, tras un holgado recogido
con un pañuelo a la altura de la nuca.
Confieso que me quede demasiado tiempo embobado mirándola,
y ella, tan atenta como los gatos, volvió a dirigir
hacia mí sus ojos por un instante y de inmediato
giro su carita felina hacia las puertas del parque, supongo
que molesta por mi insistente contemplación sobre
ella, que en ningún momento era de descaro, sino
de admiración ante unos típicos rasgos del
sur que se presentaban como una delicia para mis ojos.
Vestía una blusa a cuadros blancos y azules, bastante
ajustada en la cintura, que le hacia destacar unos pechos
de tamaño mediano y extremadamente firmes, unos
centímetros mas abajo de dos botones sueltos que
mostraban un escote y el principio de un canalillo donde
me hubiera gustado de verdad meter las narices y algo
más.
Sentada como estaba, bien recostada en el respaldo de
la silla metálica, con una pierna cruzada sobre
la rodilla de la otra, una larga falda de color marrón
dibujaba una sutil cintura y unos muslos prácticamente
perfectos, que terminaban en un culo que, por lo poco
que podía ver desde mi posición, me imaginaba
que debía de ser un diamante en bruto.
Todo el conjunto se completaba con unas altas botas de
tacón, marrones como la falda, y que desaparecían
debajo de esta al caerle un poco mas debajo de las rodillas.
Ese era el toque, junto con el pequeño bolsito
a jugo que descansaba sobre sus piernas, que le quitaba
un poco esa apariencia de gata y la convertía en
tigresa.
Pues así de embelesado estaba yo contemplando aquella
belleza, cuando una figura masculina apareció desde
mi lado derecho y se me antojaba que se dirigía
directamente a mí. ¡¡Joder!! Este debe
de ser el chorvo de la morena –pensé yo aun
medio embobado- Seguro que me ha visto como la miraba,
y habrá reparado en la cámara de video que
tengo en las manos, y ahora me va a montar un pollo impresionante.
Cuando estuvo a mi altura, dirigió una fugaz mirada
a la cámara y continuo su camino directamente hacia
la chica, con sus manos enfundadas en los bolsillos de
un pantalón de pinzas de color claro y un jersey
veraniego negro que le daba cierto aire de ligon. Yo respire
aliviado, y volví a concentrar mi atención
en la maquina que aun conservaba encendida entre las manos.
- Hola, me llamo Paco –escuche que le decía
el recién llegado a la morena ajustándose
unas gafas de montura metálica que le daban también
un toque intelectual- Me pregunto si a un monumento como
tu le molestaría que la invitara y me sentara a
charlar un rato contigo.
¡¡Me cago en todo lo que se menea!! La tía
estaba sola, y yo me he quedado mirándola como
un gilipollas, esperando que el primer mamonazo que pasara
por aquí se la enrollara. ¡¡Joder!!
Debo de ser tonto del culo.
- Yo me llamo Gabi –le estaba contestando ella con
una suave voz- y la cerveza ya esta pagada, pero si quieres
sentarte unos minutos... por mí, adelante. Aunque
estaba a punto de marcharme.
Lo que yo te diga, si voy a un concurso de lelos, no lo
gano precisamente por ser lelo. Seguro que la morenaza
esta estaba esperando a que le dijera algo, y por cazurro
se me ha adelantado este guapito, que además seguro
que en menos de media hora sé la esta cepillando.
Cabreado como un mono, guarde la cámara en su estuche
y me marche de allí. Me introduje en el oscuro
parque y comencé a forzar mis ojos en las penumbras
en busca de alguna cuadrilla de gatos que me proporcionara
un buen material para mi trabajo de fin de carrera. Mal
por mal, la concentración que puse en escuchar
cualquier ruido en la noche, hizo que me olvidara de lo
palurdo que había sido hacia unos minutos.
Anduve un buen rato sigilosamente por detrás de
los setos que rodeaban los distintos caminos del desierto
parque. De pronto, un hermoso animal de pelo pardo, con
el rabo totalmente levantado, atravesó por delante
de mí como fiera a la que persigue el diablo. Unos
segundos después, otros tres gatos la seguían
a la carrera.
Perfecto, esto es lo que estaba buscando, una gata en
celo y varios pretendientes que se la disputaban. Unos
metros mas adelante, en una especie de paseo sin salida,
coronado por un único banco de madera y una farola
eran franqueados por los frondosos setos en forma de U.
La gata, perseguida por sus Don Juanes, paso veloz por
entre los dos y desapareció de mi vista tras el
verde follaje.
Cuidadosamente me fui acercando con la videocámara
ya encendida, y al levantar mi cabeza por encima del ramaje,
pude ver a la gata casi acorralada contra una verja con
los tres pretendientes dispuestos a saltar sobre ella.
Sin pensarlo dos veces, me acurruque tras la arboleda
y me dispuse a recoger con la grabadora lo que prometía
ser una orgía gatuna.
Rápidamente, me sorprendió ver que los machos
no se disputaban a la gata caliente, incluso uno, el menor
en corpulencia, desapareció súbitamente
del plano que recogía la videocámara, y
aun me sorprendió mas cuando comprobé que
el gato mas decidido empezaba a cortejar a la hembra mientras
el otro animal se quedaba parsimoniosamente contemplando
como se le escapaba la cogida de esa noche.
Me resulto incluso gracioso. Al gato tonto este le esta
pasando como a mí –pensé sonriendo
para mis adentros- por quedarse pasmado le han quitado
el ligue. Y mientras tanto, el gato mas decidido iba rondando
a la gatita que ya daba muestras de dejarse querer.
La tecnología de la cámara era una maravilla.
Veía claramente en la pantalla digital el cortejo
entre la felina pareja como si estuviera a plena luz del
día. Estaba ajustando el zoom para recoger la amorosa
escena de la manera más conveniente cuando creí
escuchar el leve ruido de unos pasos que se acercaban
por el camino.
Levante un poco la cabeza y me quede de piedra al comprobar
que la morena que me havia hipnotizado en la terraza del
bar de la entrada del parque se acercaba paseando tranquilamente
por el camino acompañada del guaperas que se le
había presentado como "Paco".
¡¡¡Coño!!! ¿Y ahora que
hago yo? Vienen directamente hacia aquí. El camino
no se desvía hacia ningún otro sitio. –La
incertidumbre y la sorpresa bloqueaba mis piernas y era
incapaz de moverme- ¡¡Mierda!! Seguro que
vienen a pegarse el filetazo a este banco, y como me descubra
el de las gafitas, ahora si que me va a montar una buena
bronca.
Casi sin respirar para no hacer ruido, me acurruque tras
los setos pensando que con suerte, se darían cuatro
besos y se marcharían a calmar su calentura a otro
sitio. A pocos metros de mí, los dos gatos empezaban
a relamerse mutuamente como preámbulo de sus desahogos,
mientras, el otro invecil animal, seguía mirándolos
atentamente.
La otra pareja, es decir, Gabi, si yo no lo había
entendido mal, y Paco, tal como el mismo se había
presentado, llegaban en ese momento al otro lado de los
setos que me ocultaban. La morenaza se dio la vuelta y
apoyo su espalda en la farola, y sin mediar palabra, agarro
con una mano el cuello del gafitas y le soltó un
morreo con lengua de los que te quitan el hipo.
Yo me quede boquiabierto. A ambos lados del pie de la
farola se distinguía uno de los mejores culos y
más bien formados que he visto en mi vida, y unos
centímetros mas arriba, las manos del hombre, acariciaban
sensualmente la cintura de aquella belleza con cara de
gata, que mientras le besaba, introducía sus dedos
por entre el cabello de su ligue.
¡¡A tomar por culo la bicicleta!! Esto es
mucho más interesante que el apareamiento de los
gatos –pensaba yo en esos momentos con un punto
de nerviosismo- Arrodillado en el suelo, escondido entre
el follaje, empecé a manipular los controles de
la cámara para recoger la escena de los dos tortolitos,
y no me refiero precisamente a los gatos.
Justo acababa de enfocar a la acaramelada pareja, cuando
las manos de aquel chulito al que le había tocado
la lotería en forma de mujer, acariciaba y apretaba
el culo de la chica por encima de su larga falda. Al mismo
tiempo, y mientras ella seguía jugando con el pelo
del chaval entre sus dedos, este restregaba su paquete
contra el pubis de la morena y le pasaba lascivamente
la lengua por el cuello.
Me sentía casi como un delincuente allí
escondido. Sin apartar la cámara de la pareja,
di un rápido vistazo a los alrededores. El gato,
el de verdad, el animal, montaba ya a esas alturas a su
felina conquista y le estaba proporcionando un mete saca
digno de publicar en el National Geografic.
Pero al otro lado de los setos, el documento grafico se
presentaba aun mejor. Aquel afortunado mozalbete no perdía
el tiempo con la morena. Muy hábilmente, sin dejar
de sóbrale el culo en toda su extensión
a la chica, se las había ingeniado para desabrocharle
todos los botones de la blusita a cuadros, y hasta había
encontrado entre aquellas maravillosas tetas el cierre
delantero de un precioso sujetador negro.
La gatita morena se estaba poniendo las botas con aquel
tío. Le agarraba la cabeza con las dos manos y
la dirigía alternativamente de uno a otro pezón.
Como le estaría comiendo las tetas aquel afortunado
chaval que hasta las gafas se le salían del sitio,
y pasaba olímpicamente de colocárselas por
no dejar de magrear aquel espléndido culo que apretaba
con fuerza con sus manos.
Claro que ella tampoco perdía el tiempo. Habiendo
liberado por un momento la cabeza del gafitas, luchaba
afanosamente por abrirse camino bajo el pantalón
de pinzas de su Romeo, y por el significativo gemido que
emitió al conseguirlo, debía de gustarle
mucho lo que estaba palpando.
La escena se calentaba a cada segundo, ¡¡Joder!!
Se calentaba incluso la cámara de video, o quizás
era yo el que empezaba a notar como me subía la
libido mirando la pantalla digital y comprobando el estado
de las baterías para estar seguro de no quedarme
a medias en la grabación de tal acontecimiento.
De repente, la morenaza, que ya debía de estar
mas caliente que el mango de una sartén, empezó
a deslizar su espalda a lo largo de la farola hasta que
quedo en cuclillas frente al muchacho. Agarro su pantalón
y sus slips de un tirón se los dejo a la altura
de las rodillas, contemplo un instante la polla que tenia
ante los ojos, y decididamente se la metió en la
boca y empezó a chupar como si no hubiera visto
un rabo en varios meses.
Yo ya me estaba poniendo malo contemplando la lujuriosa
mamada en la pantalla de la cámara. ¡¡Vaya!!
–admití sinceramente- Hay que reconocer que
el ligon de playa este tiene una buena herramienta, y
no da la impresion de que la zorrita esta se vaya a conformar
con metersela solo en la boca.
El feliz cabroncete que me había quitado el ligue
se apoyaba con una mano en la farola, mientras que con
la otra agarraba la cabeza de la chica y la dirigía
en sus movimientos de succión acompasadamente con
las caderas. Aun cuando estaba poniendo una cara de tonto
impresionante, lo cierto es que con el suave ritmo que
se habían impuesto, la nariz de la gatita llegaba
a tocar el bajo vientre del chaval de tanto que se la
metía en la boca.
Ella jugueteaba con los huevos de su improvisado amante
mientras su otra mano recogía su falda hasta la
cintura para dejar ver unas piernas que más de
una modelo hubiera querido para sí. Continuo sus
caricias hasta llegar a su entrepierna y sin dejar un
solo instante de comerse aquella enorme verga, comenzó
a acariciarse por encima de las bragas.
Así estuvieron unos minutos, y por los ahogados
gemidos que la morena emitía debido a tener en
todo momento su boca llena de polla, creo que al menos
un par de sus dedos estaban haciendo un buen trabajo dentro
de su coño, ya que su mano se movía a velocidad
de vértigo entre sus abiertas piernas.
Debió de darse cuenta el afortunado chaval de que
si no cambiaba la situación, en breves momentos
iba a descargar toda su leche dentro de la boquita de
aquella gata en celo, que a esas alturas ya era mas bien
una tigresa devorando a su macho. El supuesto Paco entonces,
la detuvo sacando el miembro de aquel agujero y la condujo
rápidamente al banco de madera que había
a escaso metro y medio de la farola.
Eso me jodio un poco, ya que desde donde estaba lo único
que veía era la parte posterior de dicho asiento.
Sigilosamente, y tras comprobar sin proponérmelo
que la pareja de gatos que había a mi espalda aun
continuaban con su frenética follada, me arrastre
casi hasta situarme en el extremo de aquella U que formaban
los setos por el lado de la farola.
No me había perdido mucho. La tigresa Gabi se había
tumbado en el banco y se ofrecía descaradamente
al chico con las piernas totalmente abiertas, una en el
suelo y la otra apoyada en la parte mas alta del respaldo
del asiento, y sus manos sujetaban firmemente a un lado
del coño unas bragas negras en lo que era una inequívoca
invitación para que su amiguito se comiera lo que
tanto estaba deseando.
Él chaval no se corto ni un pelo. Arrodillado en
el suelo, con el culo al aire, hundió la cabeza
entre las piernas de la morena, y se lió a dar
lametazos a diestro y siniestro por todo aquel chochito
que se le estaba ofreciendo, y ahora si que corría
serios riesgos de perder las gafas en aquel afán
de pasar su lengua por cada rincón de las intimidades
de la chica.
La morena, o Gabi, o como quiera que se llamara la gata,
aferró nuevamente la cabeza del gafitas, y acompañándolo
suavemente con el movimiento de sus caderas, lo guiaba
para que la lengua del mozo se deslizara lo máximo
posible por entre sus labios vaginales, y a juzgar por
como gemía la tía, el chaval debía
de saber muy bien lo que estaba haciendo.
Estaban los dos locos de lujuria. Podrían haber
aparecido una docena de personas en el parque y ponerse
a mirar, y ellos no se habrían dado cuenta de nada.
Yo incluso temía que los jadeos y gemidos que escapaban
de la boca de la morena, alertaran a alguno de los vigilantes
nocturnos y me estropearan el espectáculo.
Con toda la cara empapada con los flujos que salían
de entre las piernas de la chavala, el tal Paco se dedicaba
ahora a masturbarla metiendole un par de dedos dentro
del coño, mientras su lengua y sus labios continuaban
jugueteando con el clítoris de la muchacha, que
daba significativas muestras de estárselo pasando
en grande y a punto de correrse en la cara de su amigo.
Pero aunque yo aquí me burle simpáticamente
del cabroncete que me había robado a buen seguro
el mejor polvo de mi vida, lo cierto es que el tío
sabia manejar bien a la dama, y antes de que ella llegara
al inminente orgasmo que se avecinaba, saco la cabeza
de entre sus piernas y se sentó en el banco indicándole
a ella que había llegado el momento de follarsela
como es debido.
Entonces la morenaza, arrodillada sobre el banco, se sentó
sobre las piernas del chaval, y al tiempo que con una
mano dirigía nuevamente la cabeza de este hacia
sus tetas, con la otra le agarraba la polla y se la colocaba
en la entrada de su húmedo coño, con la
intención de llenarlo con aquel empalmado rabo
inmediatamente.
La chica abrió la boca en todo lo que sus mandíbulas
se lo permitían y mientras dejaba escapar un ahogado
grito, fue deslizando su cuerpo hacia abajo hasta que
la dura herramienta del mozo se alojo en lo más
hondo de su vagina, y mientras le restregaba al chaval
las tetas por toda la cara, empezó a dar secos
golpes de cadera acompañados de significativos
gemidos de placer.
El afortunado mozo, chupaba, relamía y mordía
los pezones de la gata que lo cabalgaba sin soltarle la
cabeza que iba pasando alternativamente de uno a otro
seno. Con sus manos libres, él chaval agarraba
fuertemente las nalgas de la chica y sujetaban su falda
a la altura de la cintura, propiciando así que
mi cámara grabara la increíble follada en
todo su esplendor.
¡¡Dios!! Vaya escena que estaba registrando
en la memoria de la videocámara. No me cabía
la menor duda de que era la morena la que se estaba follando
al gafitas, y el pobre hacia lo que podía por seguirle
el ritmo a la caliente hembra que tenia sobre el rabo.
Si en vez de estar jodiendo en un banco de madera estuvieran
en una cama con colchón, los vaivenes de la pareja
hubieran sido bestiales.
A medida que pasaban los minutos, aquella tigresa me sorprendía
cada vez mas por sus ansias de sexo. Y creo que al mozo
le ocurrió lo mismo cuando la chica agarro una
de las manos del chaval y la dirigió lascivamente
hacia la entrada de su culo sin dejar de menear vigorosamente
su cuerpo contra el guapito.
El muchacho, que ya se veía en inferioridad de
condiciones debido al ímpetu con que la tía
casi le estaba violando, empezó a acariciar con
su dedo corazón aquel rinconcito trasero que también
le estaba pidiendo caña, y en escasos segundos,
comenzó a abrirse camino para deleite de la desbocada
gata que no paraba de pedirle mas y más polla.
La gran cantidad de flujos que corrían por entre
las piernas de los dos, facilitaron rápidamente
una lubricación ideal en el culo de la morena,
que seguía sujetando la mano del muchacho y se
la empujaba acompasadamente hasta que consiguió
que los nudillos del joven empezaran a chocar con sus
nalgas.
Si mi cámara no hubiera sido de ultima tecnología,
las imágenes hubieran salido totalmente borrosas
a causa de la velocidad de folleteo que la morena le estaba
imprimiendo a su amante, y no se quedaba atrás
con la mano que entraba y salía con violencia en
su ya dilatado ano.
Mientras Gabi aparentaba estar fresca como una rosa después
del rato que llevaba cabalgando al chico, este empezaba
a dar significativas muestras de agotamiento. Tenia las
gafas torcidas y a la altura de la frente, mientras paseaba
la lengua por los pechos de la chica totalmente ciego
de lujuria y sin saber exactamente de que lado era la
teta se estaba comiendo.
Claro que yo tampoco estaba como para lanzar cohetes.
Tenia las piernas entumecidas de estar tanto rato agazapado
tras los setos que bordeaban el banco y la farola, por
no hablar del dolor de huevos que empezaba a atormentarme
debido a la calentura que me había producido el
asistir como voyeur en aquel polvo.
En un momento dado, tras un golpe seco de la morena contra
la pelvis del chaval, esta soltó un significativo
alarido y se quedo totalmente quieta, con el rabo de su
ligue incrustado en lo mas profundo de su coño
y un dedo acomodado e inmóvil en su trasero. No
habían pronunciado una sola palabra, pero era evidente
que Gabi acababa de tener un orgasmo de película
porno.
Aun así, yo seguí grabando toda la escena,
y no estoy seguro de que aquel joven ligon hubiera descargado
su lechecita dentro de la morenaza que tenia sobre sus
piernas, aunque a juzgas por la cara de empanao que ponía
mientras se colocaba las gafas en su sitio, yo diría
que había disfrutado como un cabron.
La chica le soltó otro morreo que casi lo ahoga
y se sentó a su lado en el banco. Durante unos
minutos se arreglaron las ropas como pudieron y sin mediar
palabra se alejaron tranquilamente uno al lado del otro
por el mismo camino por donde habían venido.
Cuando ya habían desaparecido de mi vista, apague
la cámara y me puse en pie con dificultad a causa
del dolor que recorría mis rodillas. Mire hacia
atrás y comprobé que la pareja de gatos,
los de verdad, habían desaparecido sin dejar el
menor rastro tras su aventura nocturna. Sin embargo, aun
quedaba un detalle que me llamo la atención.
Unos metros detrás de mí, el animalito que
se había quedado sin gatita por no decidirse a
cortejarla, permanecía allí, inmóvil,
contemplándome en la oscuridad, como si intentara
decirme algo.
Lo cierto es que la escena era graciosa, los dos nos había
pasado lo mismo, habíamos perdido a nuestras gatas
por indecisión. Me reí para mis adentros
e incluso estuve tentado de llevarme al animal a casa
e invitarle a una latita de sardinas en conserva.
Al fin y al cabo, casi hubiera sido una acción
de solidaridad, ya que estábamos en igualdad de
condiciones y cada uno miraba al otro pensando cual de
los dos había sido más gilipollas esa noche.
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